14 feb 2009

Presentó la Secum el libro Tres poetas uruapenses; incluye a Rico Cano, Ortiz Arias y Eduardo Turón

Bajo el título Tres poetas uruapenses, la Secretaría de Cultura de Michoacán (Secum) presentó el primer documento encaminado al rescate de la lírica escrita estatal, mismo en el que el también poeta Arturo Chávez Carmona reunió algunos de los textos aún inéditos de Tomás Rico Cano, Luis Ortiz Arias y Carlos Eduardo Turón.

El libro presentado oficialmente en la Casa de la Cultura de Morelia es el primero de una serie bibliográfica que buscará el reposicionamiento de poetas estatales históricos en el panorama actual, confirmó el compilador en entrevista, con financiamiento público bajo la colección Patrimonio Artístico de Michoacán.

Chávez Carmona subrayó que además de los textos pertenecientes a los literatos uruapenses también se recopilaron algunas entrevistas realizadas a quienes convivieron con ellos durante su proceso creativo, “como a Martín Dosal, sobreviviente del movimiento del 68 que estuvo cerca de Tomás Rico Cano”.

Sin embargo, el autor del documento puesto a la circulación en la ceremonia del pasado miércoles por la tarde reconoció que la investigación sobre los poetas michoacanos aún está inconclusa, pues existen textos que aún no ven la luz pública, mismos que además de engrosar su contribución a las letras michoacanas los colocaría como autores “humanos y desgarradores”, según la experiencia del propio Aturo Chávez en su acercamiento a textos desconocidos, tal es el caso de Crucifixiones, de Carlos Eduardo Turón, que hasta hoy se publica formalmente.

“Para mi generación, Tomás Rico Cano es un autor cercano y querido, pero por lo menos yo no conocía mucho la obra de Carlos Eduardo Turón y me encuentro con este texto, una poesía en prosa que dibuja a un poeta humano y desgarrador, además de su dramaturgia sobre la política de su época, una especia de tragedia griega a la mexicana”.

Agregó que el objetivo de la publicación de Tres poetas uruapenses “es hacerlo presente en este momento porque les debemos todavía la publicación de buena parte de su obra; en el caso de Rico Cano, creo que aún se pueden armar tres libros con su obra inédita, con sus novelas, pero todos merecen una investigación individual”.

El también asesor en materia de cultural en el gobierno estatal michoacano anunció el inicio de un acuerdo con el departamento de Investigación y Documentación de las Artes, dependiente de la Secum, cuya titular, Ivonne Solano, gestiona ya una nueva compilación “lo más completa posible” con obras de los líricos michoacanos a manera de antología que podría estar en circulación en 2009.
Para Chávez Carmona, además del conocimiento total sobre la obra de estos escritores, aún está pendiente su análisis, pues en sus hallazgos llegó a un redescubrimiento sobre un Rico Cano “que escribía a Morelos, a los revolucionarios cubanos y rusos, pero también descubrí la maestría en el manejo del verso y la métrica; de Turón conocía Quehaceres del amante, pero ahora veo que está a la altura de Martínez Ocaranza, aunque Turón es más poeta”.

El nuevo libro cuenta también con intervenciones de Rosario Ortiz Marín, Gaspar Aguilera Díaz y Margarita Vázquez, a manera de intérpretes.

20 nov 2008

Premian a ganadores de Juegos Florales de Jiquilpan

Boletín de prensa

Jiquilpan, Mich., 19 de noviembre de 2008. Con el compromiso de incrementar el monto del premio que otorga el Gobierno de Michoacán a través de la Secretaría de Cultura en los Juegos Florales de la Revolución Mexicana, el titular de la Secum, Jaime Hernández Díaz, premió a los ganadores en la cuadragésima cuarta edición.

Con la presencia del Presidente Municipal de Jiquilpan, Francisco Mora Ciprés, del director de la Casa de la Cultura de Jiquilpan, Conrado González Leyva, y del jefe del Departamento de Literatura y Ediciones de la Secum, Juan García Chávez, el secretario de Cultura, tras premiar a Luis Girarte Martínez por su poema “Revolución Cautiva”, asumió la responsabilidad de aumentar a 20 mil pesos el premio, que hasta este año ascendió a 15 mil pesos, a la par de referir a un mayor estímulo y apoyo de los creadores, con la promesa de editar una antología que recogerá los trabajos ganadores de la presente edición , así como la de años anteriores, a más tardar en el 2009.

El funcionario señaló que “a través del Programa de Rescate de Obras y Autores, se contempla la publicación de un libro de poesía escrito por Diego José Abad, actividad a la que también se sumará un homenaje y una edición para mediados del 2009 de la arraigada escritora jiquilpense Maria Luisa Cacho Olivares ”.

En la entrega de los XLIV Juegos Florales de la Revolución Mexicana, se dio lectura al veredicto del certamen, el cual fue dictaminado por Antonio Mendiola Mejía, Irma Linares Alvarado y Arturo Molina García, quienes reconocieron en el trabajo ganador del sahuayense Girarte Martínez (con el seudónimo Orozco), un poema con unidad y fuerza poética, con manejo del lenguaje literario preciso y claro; en síntesis, un relato histórico sin perder la forma del género.

Entre los 53 trabajos que se recibieron, 20 con tema libre, 22 de la Revolución Mexicana en el género masculino y 11 en el género femenino del mismo tema, el poema intitulado “Raíz del Viento” firmado con el seudónimo Tarhiata, de la autoría de Miguel Fuentes Granados oriundo de Huiramba, Michoacán, resultó galardonado con el premio en tema libre, ofrecido por particulares. De sobresaliente ritmo, imágenes literarias precisas, unidad y vigencia temática, se vertieron los calificativos al segundo texto ganador.

La poeta y promotora cultural, María Luisa Cacho Olivares, entregó el premio en el género femenino que lleva su nombre a Leticia Ríos Hernández, ganadora por el texto la Revolución Mexicana por dictamen del jurado convocado por Moraliz, S.A.

La premiación de los Juegos Florales, reunió también a diferentes agrupaciones musicales que enriquecieron la celebración de una tradición literaria vigente y vigorosa en esta región michoacana, donde a la par se asumió una actitud corresponsable entre los diferentes órdenes de gobierno.

14 nov 2008

Feria del Libro y la Lectura

Comunicado de Prensa
Morelia, Mich., 10 de noviembre de 2008. Con la finalidad de apoyar, promover y divulgar el fomento al libro y a la lectura entre la comunidad michoacana, el gobierno del Estado de Michoacán, a través de las secretarías de Cultura y Educación, en coordinación con la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, llevará a cabo del 11 y el 16 de noviembre la “Feria Estatal del Libro y la Lectura”, cuya sede será la Casa de la Cultura de Morelia, en la que participarán importantes autores nacionales así como cerca de 40 escritores y creadores estatales.

Surgida como un compromiso de gobierno de Leonel Godoy Rangel, la Feria Estatal del Libro y la Lectura está contemplada dentro de las 21 acciones que en materia educativa se desarrollarán durante la presente administración estatal.

El evento contará con la presencia de los escritores Juan Domingo Argüelles, María Baranda, Ana Clavel, Leonardo Da Jandra, Agar García, Felipe Garrido, Francisco Martín Moreno, Humberto Musacchio, Yolanda Ramirez Michel, Alejandro Toledo y Eraclio Zepeda, quienes gozan de reconocimiento como narradores, poetas o periodistas a nivel nacional e incluso en el extranjero.

Aunado a lo anterior se sumará la participación de más de 40 escritores y creadores estatales, quienes de manera especial tendrán un lugar dentro de esta Feria. Entre ellos podemos nombrar a Carlos Juárez Nieto, Isabel Marín, Manuel Reyes Ramos, Patricia Ávila García, Ernesto Hernández Doblas, Sergio Monreal, Salvador Jara Guerrero, Juan Bolaños y el grupo Cero al Poniente; así como la antología del jiquilpense Ramón Martínez Ocaranza y la semblanza literaria y musical de Próspero Román.

Las mesas redondas tocarán diversos temas de actualidad, tanto en lo social como en lo cultural; algunas de ellas llevan como argumentos medulares: “El quehacer inmediato para fortalecer la Ley del Libro y Fomento a la Lectura en Michoacán”, “Imaginación, literatura y naturaleza: una triada necesaria”, “La experiencia de la mujer en la creación literaria”, “Miedos, mitos y mitotes sobre la lectura”, “La revista independiente como soporte de la expresión literaria”, “Cantos testimoniales para decir poesía y cuento”, “El futuro del periodismo cultural”, “La divulgación científica y el espacio textual” y “Literatura y vida cotidiana”, en las que reconocidos especialistas, investigadores, escritores y formadores de opinión darán su punto de vista.

Los talleres estarán abiertos para público de todas las edades, y ya sea por la mañana o por la tarde, siempre habrá una opción interesante para disfrutar, aprender y convivir en estos espacios que llevan por nombre: “Mi casa es un libro”, “Leer el mundo”, “La recreación de cuentos a través de personajes de la tradición oral”, “Leo, imagino y viajo”, “Cuenta cuentos”, “Cuenta cuentos para niños felices”, “Literatura joven” y “La poesía y el mundo”, en las que participan como ponentes y coordinadoras 15 creadoras michoacanas que se suman al quehacer cultural de nuestra sociedad.Las conferencias que se ofrecerán son “El libro y la globalidad” de Alejandro Da Jandra, “Antimanual para lectores y promotores del libro y la lectura” de Juan Domingo Argüelles, “Sin comprensión no hay lectura” de Felipe Garrido, “La magia de la palabra y la lectura” de Eraclio Zepeda y “El erotismo y la lectura” de Ana Clavel.

De igual manera se presentarán los libros “El gran niño” de Yolanda Ramírez Michel, “El proceso político de la independencia de Valladolid en Michoacán 1808-1821” de Carlos Juárez Nieto, “Delitos, pecados y castigos” de Isabel Marín, “Vademecum gramático-literario” de Manuel Reyes Ramos, “Agua, ciudad y medio ambiente: una visión histórica de Morelia” de Patricia Ávila García, “Colección de termas de matemáticas para bachillerato” de la UNAM, “Seguridad pública y derechos humanos” de Jean Cadet y “Bioremediación” antología de Juan Manuel Sánchez; “Lugar de muertos” de Ernesto Hernández Doblas, y “Las raíces del aire” de Sergio Monreal.
A esta lista se sumarán “Arquitectura contemporánea: arte, ciencia y teoría” de Catherine R. Ettinger-Mc Enulty y Salvador Jara Guerrero; “Donde muere la lluvia” de Juan Bolaños; “Todo es posible en la paz” de Alejandro Toledo; “México acribillado” de Francisco Martín Moreno; “La historia del periodismo cultural” de Humberto Musachio; el “Cuadernillo de microeconomía” de Baltazar Cerda en coedición con la editorial Trillas; y en sistema braille: “El fantasma tímido” y “La voz de los enanos”, ambos presentados por Víctor Manuel González Esparza.

Además de lo anterior, se llevarán a cabo lecturas en voz alta con temáticas para todas las edades, tales como “Lectura para jóvenes”, “El sentido del poema”, “Anima-lees”, “Lectura para niños”, “Mis libros y los tuyos”, “Hijo de tigre”, “Historias de amor”, “Entre tú y ella”, “Mi día de suerte”, “Cabalgando con el Quijote”, “Cuentos en verso para niños perversos”, “La narrativa oral”, “Amor con humor”, “La novela en voz alta”, “Ese pollito se parece a…”, “Un poema muy sentido”, “Me comería un niño”, “La obscuridad de la luz”, “Antecediendo a la muerte”, “Hablando de pícaros” y “La luz es como el agua”.

Los espacios llamados Casa del Libro se constituyen como lugares para el desarrollo y la difusión de hábitos lectores entre los niños, en donde promotores de la lectura de la Secretaría de Educación impulsarán, acercarán y estimularán a los pequeños para que usen estos materiales no sólo como instrumentos informativos o educacionales, sino también como fuentes de entretenimiento y placer.

Las actividades artístico-culturales incluyen el concierto de la banda de rock para niños “Patita de Perro”, un recital de poesía a cargo de Jorge Ruiz Soto, la inauguración de la exposición colectiva “Los rostros de los libros” de talleristas plásticos de la Casa de la Cultura y las presentaciones del Grupo Juglar San Pedro, el Ensamble Lírico Enrico Caruso, el Dueto Zacán, la Compañía de Teatro Trotamundos, el Quinteto de Alientos de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la Estudiantina de la Universidad La Salle y el Grupo Purembe.

Es digno mencionar que en el marco de la Feria del Libro se convocará a la sociedad michoacana a participar en el concurso de cuento breve “José Ceballos Maldonado”. El registro se realizará de 13:00 a 17:00 horas el día 11 de noviembre y contará con un premio en efectivo para los primeros lugares.

De igual forma se hará entrega del Premio Nacional de Novela “J. Rubén Romero” que es organizado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Secretaría de Cultura, y de los premios del Sistema Estatal de Creadores en las modalidades de Cuento, Poesía y Ensayo.

Así mismo, se presentará el proyecto editorial y mesa de lectura del Grupo Sueño Colectivo por parte de Jesús Valdovinos Romero; el recital de poesía y presentación bibliográfica del Taller Literario Ambrosía a cargo de Ramón Guzmán; el proyecto editorial de Jitanjáfora y los resultados de la investigación “Diez libros, mil mundos” del IMCED, sin faltar la participación de los talleres literarios de Sahuayo, Uruapan, Jiquilpan, Lázaro Cárdenas, Zitácuaro y Zamora.

Además, se contará con la presencia de distintas editoriales nacionales, representantes libreros, universidades como la UMSNH, IMCED, UNAM, UPN e IPN y los fondos editoriales de la SEE, SECUM y CIDEM quienes ofertarán sus productos a la sociedad michoacana.

Con la creación de estos espacios de contacto y reflexión es que el Gobierno del Estado, a través de las dependencias involucradas, impulsa la formación y desarrollo de una sociedad lectora, en donde la información, la educación y la cultura estén al alcance de todas y todos los michoacanos.

28 oct 2008

Algo sobre Xavier Vargas Pardo...


Fragmento de:


JOSÉ RUBÉN ROMERO Y XAVIER VARGAS PARDO: DOS NARRADORES MICHOACANOS


Mario Raúl Guzmán


"...Hubo que esperar al inicio de la década de los sesenta para que otro escritor michoacano trazara –con el material de los sueños rurales y campesinos de esa región del país– un paisaje geográfico y humano indemne a la doble plaga del costumbrismo y el pintoresquismo.


En efecto, Xavier Vargas Pardo, nacido en Tingüindín en 1923 y muerto en Guadalajara en 1985, publicó en 1961 Céfero, un volumen integrado por once cuentos cuyas virtudes narrativas despliegan su máxima eficacia en el registro memorioso de la violencia y la muerte como instrumentos inexorables del destino.


El título le viene al libro del nombre del portador de la voz narrativa, Ceferino Uritzi, Céfero para los amigos, protagonista en algunos cuentos, agonista en otros, observador sagaz de lo inesperado y de lo insólito que laten en el corazón del detalle, cronista consumado y, sobre todo, testigo apasionado y ecuánime (una rara mezcla caracterológica lograda con pulso envidiable, y extendida con ingenio y perspicacia a lo largo del discurso narrativo).


El primer cuento del volumen se resuelve con un apunte desencantado y mordaz acerca de la impunidad y la nula acción de la justicia. De qué diversas maneras reaccionamos a la hora en que la vida nos coloca en situación de trance mortal, es el tema del segundo. Una atmósfera festiva se transforma –en el tercero– en una alucinación colectiva atizada por la pervivencia del diablo en el imaginario popular. El cuarto trata del infortunio atribuible al poder de un maleficio. En el quinto se exhibe, sin admonición moral alguna, el fruto funesto de la pugna entre la obcecación de una madre y el empecinamiento del hijo. En el sexto se vindica el castigo cruento que recibe la maldad por martirizar a la virtud. El séptimo describe la venganza urdida por un ser inerme vapuleado con crueldad. El octavo nos recuerda que es eterna la sordidez de la avaricia. El noveno esgrime una sutil ironía frente a los estragos causados sin dolo por una mano inocente. El décimo describe el horror de la deshonra. El onceavo refiere un dilatado episodio de humillación y ultraje.


Es posible ensayar múltiples maneras de resumir los temas que contienen los relatos de Xavier Vargas Pardo. Todas serán injustas, desde luego la mía que antecede, tan esquemática y gélida, porque los temas se entreveran, o subyacen a la pura acción narrativa, o nada más se sugieren en el transcurso de los sucesos, o se van difuminando en la progresión dramática, o sencillamente pierden gravedad en el instante del desenlace. (Como en todo buen libro de ficciones breves, las historias están en éste por encima de los temas: los trascienden, se sobreponen a ellos.) Pueden también intentarse varias formas de extractar estos cuentos, pero invariablemente resultarán inexcusables por empobrecedoras de su potencia narrativa. Una de las habilidades que más sorprende al leer los relatos de Céfero es la manera –parsimoniosa o vertiginosa, según el caso– de dar cuenta de la irrupción de la violencia y la muerte en el paisaje narrativo; el lenguaje elaboradísimo mas notablemente fluido y sencillo (cargado de giros regionales pero sin afectación alguna) con que registra de qué distintas maneras la muerte acomete, embiste o se abalanza sobre los personajes con tal fuerza sorpresiva que disloca en un instante el curso de sus vidas. Del fondo turbio o cristalino de estos relatos irónicos o amargos emerge la muerte inopinada y abrupta, la muerte absurda e inmerecida, la muerte justiciera y vengadora. La muerte que acecha en algún recodo del camino o a la vuelta de una esquina, o tras la milpa: tal es el meollo de estos relatos, tal la materia que se encrespa en el centro o en los márgenes de estas vidas imaginarias.

Los personajes de José Rubén Romero –él mismo de manera señaladamente autobiográfica– recorren muchos caminos y se detienen (para prosperar o para resarcirse de descalabros pecuniarios o de remociones burocráticas) en Ario de Rosales, Tacámbaro, Pátzcuaro, Sahuayo, Santa Clara del Cobre, Huetamo, Tzirahuén, Morelia... La capital michoacana, criolla y mestiza, apenas es mencionada en un cuento de Vargas Pardo. Sus personajes andan más bien (buscando trabajo o salvando el pellejo) por los rumbos de Panindícuaro, Tierra Caliente, Apatzingán, Huetamo, Erongarícuaro, Xhániro, Ajuno, Zacapu, Atapan, Pichátaro, Tingüindín, Chucandirán, Puréparo, Paracho, Pajacuarán, Tacáscuaro, Sirío, Peribán, Tzirapo, Santiago Conguripo, Tanhuato, Tecari, el Pico de Patamban...


Pito Pérez, el personaje de Romero vuelto memorable por obra y gracia del gran Medel, es un pícaro taciturno, un aprendiz de ángel caído, un pobre diablo enternecedor, un granuja que cuenta ya en el ocaso sus antiguas correrías, un desdichado que se solaza en el alcohol para soportar la hipocresía ambiente, un renegado del trabajo, un espantajo que aguarda a la muerte con la botella en la mano...


A Céfero, oriundo de Tingambato (según él mismo confiesa en algún momento, sin darle importancia al hecho), lo encontramos trabajando en oficios varios, o en busca de un lugar donde ganarse el sustento. “Ser arriero fue mi primer giro”, recuerda en “Timbiriches en el cielo” mientras trabaja como albañil en la construcción de una fábrica. En “El Churingo” se la rifa como arriero que va y viene por las veredas llevando y trayendo mercancías para venderlas. En “Las Guananchas” es peón en una hacienda: “Yo nomás la hacía de becerrero entonces” (llevar y traer a los animales a los potreros y ayudar a la ordeña muy temprano). En “El anillo del zanate” cobra paga como soldado raso de infantería que cuenta las peripecias de su vida militar. En “Bembéricua” llega a trabajar a un aserradero para librarse del hambre. En “Donde crecen las terecuas” sobrevive gracias al oficio de pajarero. En “Quince ahorcados a Jiquilpan” Céfero gana sueldo de peón “traspaliando café o desgranando mazorca”. “Las cosas se van hilvanando y nadie sabe al día siguiente en qué zayate despierta...”, se dice a sí mismo cuando va a pedir trabajo en el aserradero de Atapan.


Los relatos de Céfero son sumamente eficaces a la hora del detalle escabroso, cuando la anécdota corre el riesgo de despeñarse en lo truculento. Gracias a la pincelada irónica sus atmósferas sangrientas se libran de lo tremendista; da vueltas la vida de estos personajes en el aire turbulento del destino, pero la cara pastoril de la moneda nunca la vemos en el suelo, por fortuna.


Nada más alejado de la visión narrativa de Vargas Pardo que la acaramelada descripción de la violencia en los libros de Romero. Véase si no la estampa idílica de las cárceles michoacanas proporcionada en La vida inútil de Pito Pérez (1938):


“En las cárceles de los pueblos –dice Jesús Pérez Gaona por voluntad que le dicta Romero– encontré a honrados y caballerosos ciudadanos, aprehendidos para substituir a personas que gozaban de libertad absoluta. Reina en ellas un espíritu infantil que hace a los reclusos orinarse en los zapatos de sus compañeros, como una inocente diversión; aún hay sentimientos generosos y nadie se muere de hambre, a pesar de la buena voluntad del Gobierno, que ha suprimido el rancho de los presos, como cosa superflua. El que tiene comida, porque se la llevan de su casa, la comparte con el que no la tiene, y al que no le ven cobija, le mientan la madre, con solicitud, para que se caliente. ¡Los banquetes que yo me he dado dentro de la cárcel, aceptando de mis colegas, ya un plato de arroz, ya un chile relleno, a cambio de una consulta de tinterillo, o de una afectuosa palmadita en la espalda!


“La vida dentro de nuestras cárceles tiene cierto calor de familia, algo de hermandad religiosa, con pactos y contraseñas de sociedad secreta.


“(...) Después de las comidas –no encuentro apropiado decir de sobremesa– se discute de política y se retocan los retratos de las primeras autoridades del pueblo, sin olvidar detalles de familia.


“Por las tardes, a la hora triste de ocultarse el sol, cuando las rejas simulan cruces ensangrentadas por la mano criminal del crepúsculo, las almas se conmueven con el paisaje que adivinan, y surge a coro una canción que se repite como un salmo y repercute en el aire como un doloroso gemido”.


Habría que tener a la mano pruebas testimoniales o hemerográficas de la vida en las cárceles michoacanas en el periodo que abarca esa descripción bucólica y franciscana; mientras tanto, tengo mis dudas de que la única mano criminal tras las rejas haya sido por aquel entonces la mano del crepúsculo.


Es curioso, pero la violencia que agita la comarca narrativa de Xavier Vargas Pardo excluye la experiencia carcelaria. Ni criminales ni bandoleros van a dar con sus huesos a la penitenciaría; Céfero no relata nada que le haya ocurrido a nadie tras las rejas. Casi todo lo sórdido y artero y ruin acaece a cielo abierto.


En “Timbiriches en el cielo” Céfero cuenta, diez años después de ocurrido, una agresión criminal que casi le cuesta la vida. Un balazo en el cuello y una cuchillada a manos de un desconocido en una calle oscura lo postran varios meses y su voz es la de un resucitado. En “El Churingo” Céfero relata el grave peligro que corrió al quedar atrapado en una mina junto con dos peones y un arriero, adonde habían entrado en busca de abono de murciélago. Uno de los peones (un asesino avieso apodado “El Churingo”) tiene ahí una muerte espantosa. En “Las Guananchas” hay una animada fiesta, en la que aparecen, sin invitación, “las guananchas” (danzantes disfrazados de mujeres), uno de los cuales saca a bailar a una jovencita (de familia “principal”); y, en una suerte de encantamiento, todos ven ascender a la pareja que baila en el aire. La muerte súbita de la bella muchacha pone fin al festejo. En “El anillo del zanate” se desata una balacera entre soldados y asaltantes de un tren, quienes matan a un tipo misterioso que trae consigo un anillo con una piedra negra en forma de zanate; el anillo lo roba un soldado al que luego cercenan la mano en un acalorado juego de cartas. En “El bombín” un sobrino de Céfero se parte el cráneo y muere desangrado, ante la mirada atónita de circunstantes que ignoran la historia que precede a ese accidente. En “Bembéricua” un peón con fama regional de asesino de mujeres asedia a una joven viuda con tres o cuatro meses de embarazo (a su marido lo asesinaron en circunstancia no aclarada) hasta que la embosca y le inflinge un tormento pavoroso. Céfero y otros tres trabajadores le dan caza al torvo asesino, lo amarran a un tronco y con la sierra eléctrica lo parten en dos mitades, que entierran en hoyos distintos. En “Pancho Papadas” los once hijos de un fabricante de toritos y juegos pirotécnicos atormentan a un mono huasteco hasta que éste provoca una explosión que mata a la familia entera del cuetero, excepto a la cotorra de la casa. En “El Zurumato” un viejito, harto de ser atormentado por su mujer, se suicida cortándose el cuello de un navajazo; la viejita, libre ya del marido, se dedica a contar (con fruición digna del señor Grandet) las monedas de oro que atesora, en compañía de un tonto de pueblo quien termina asesinándola y huye con el dinero. El cadáver putrefacto de la viejita es descubierto en el fondo del pozo. En “Donde crecen las terecuas” una mujer muere por congestión alcohólica, y su pequeña y extraña hija mata sin querer al cura y a su asistente con hongos venenosos. En “Quince ahorcados a Jiquilpan” la acción se desarrolla en ese tiempo de la Revolución en que amplias zonas de Michoacán estaban infestadas de gavillas; una de ellas llega intempestivamente al pueblo donde Céfero tiene amoríos con la hija de su patrón. Los gavilleros secuestran a la muchacha. Al llegar tropa del ejército los bandidos huyen del pueblo y se llevan de rehenes a 14 personas y a la muchacha, por la que esperan cobrar un cuantioso rescate. El patrón reúne el dinero y con Céfero siguen el rastro de los bandoleros. En el camino van viendo colgados, uno a uno, a los 14 lugareños; la hija del patrón y novia de Céfero, ultrajada y muerta, es la última víctima. En “Dios mediante” dos truhanes se disputan un terreno que colinda con las propiedades de ambos. Contra el dueño del lugar, un viejo que es padrino de Céfero, desatan una violencia inaudita hasta el extremo macabro de desenterrar y colgar de un fresno los restos mortales de su madre. El cuento termina como comienza: el padrino de Céfero se aleja para siempre de su tierra, con los huesos de su progenitora al hombro.

IV¿Quién fue Xavier Vargas Pardo? Un tipo que en 1959 buscó a Gastón García Cantú en el diario Excélsior. Le llevó sus cuentos, y al historiador le parecieron buenos. Luego, el cuentista Edmundo Valadés los consideró magníficos. Finalmente, Henrique González Casanova decidió incluirlos en la Colección Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica en 1961. (Él era director de dicha colección.) Tales son los datos que ofrece el texto de contraportada de la reciente segunda edición de Céfero. Raúl Guerrero, el editor responsable, me ha comentado que no hay rastro alguno de Vargas Pardo en las enciclopedias y diccionarios literarios. En el FCE el título está descatalogado hace mucho tiempo. Todo parece indicar –me dice Guerrero– que los especialistas no han reparado en la existencia de este escritor michoacano. O tal vez, digo yo, sí leyeron los cuentos de Céfero y los desestimaron por juzgarlos pastiches rulfianos. Quizás eso es lo que ha ocurrido. Hay que recordar que tras la aparición en 1953 de El llano en llamas se produjo una andanada de imitaciones de los relatos de Juan Rulfo. Baste citar al respecto Cuentos del desierto,[1][7] de Emma Dolujanoff, y Cañón de Juchipila, de Tomás Mojarro. “Dios mediante”, último relato de Céfero, guarda similitudes (¿o serán influencias?) asombrosas con “Diles que no me maten”, de Rulfo. Sin embargo, los cuentos de Vargas Pardo no son calcas de los cuentos de El llano en llamas. (Incluso, creo que tres o cuatro del michoacano no le piden nada a los del jalisciense, y acaso los superan.) Es una simple opinión, y sé que tendría que sustentarla mediante una lectura comparada, empeño que rebasa el margen de este trabajo. Mas intuyo que el propio Rulfo habría desdeñado los relatos de Céfero si hubiera advertido en ellos la astucia de un buen falsificador. Cuando el autor de “Luvina” leyó los cuentos de Vargas Pardo, dijo escuetamente: “Éste se las sabe todas "




26 oct 2008

Recibe Pátzcuaro a poetas del mundo latino

La magia y el misticismo que guarda Pátzcuaro fue el escenario perfecto para que este fin de semana se llevará a cabo un maratón poético, que tuvo como protagonistas a los invitados al Encuentro de Poetas del Mundo Latino 2008.

Ante el asombro y la curiosidad de los lugareños, desfilaron por las callas de este pueblo en una especie de caravana de Babel que dejó escuchar lo mismo frases en rumano, que en francés, italiano, gallego, catalán, español y hasta flamenco.

La caravana concluyó en el auditorio del Antiguo Colegio Jesuita de Pátzcuaro, el cual albergó una logia dispuesta a arrojar versos a los cuatro vientos para compartir decenas de mundos diversos.

Entre los más de 25 poetas que participaron en el encuentro poético estuvo el homenajeado del encuentro, el brasileño Ledo Ivo, quien a sus 84 años dio muestra de vitalidad, lo mismo firmando autógrafos que recitando algunos versos.

Jóvenes, no tan jóvenes y viejos subieron luego a la tribuna para leer poesía al lado de poetas de todas nacionalidades y estilos.

Así, "Jotamario" rindió tributo a Marylin Monroe, la virgen de los inadaptados, mientras los vates mexicanos arribaron con Hernán Bravo Varela y su poema de la mujer peronista; Oscar de Pablo y La recua de elefantes que hay que cazar, y el tabasqueño Alvaro Solís con el Padre contra el agua lunar.

De igual forma apareció el portugués Nuno Júdice, quién llevó al público a "una tarde de domingo en Central Park"; los versos de Philippe Delaveu en francés, en honor a Johan Sebastian Bach, se entremezclaron con el español castizo de las españolas Amalia Bautista y la ex azafata de bellas formas Beatriz Russo.

El peruano Antonio Cisneros, ya entrado en años, corrió como niño para ganar el turno en la mesa: "primero los de la tercera edad", dijo divertido Cisneros.

A pesar de lo largo del maratón, nadie parecía cansado de escuchar con el mismo placer y atención toda la procesión.

Después vendría un nuevo peregrinar, pero ahora a los autobuses, donde se desarrolló otro ritual, el de los tacos, los tequilas y las canciones de José Alfredo Jiménez, convertidas en guaguancó, según una crónica difundida por la Coordinación Nacional de Literatura del INBA.


Publicado en: El Universal
Domingo 26 de octubre de 2008

25 oct 2008

Trocadero 162 o Vivir en casa de Lezama Lima.






Por Alberto Lauro

En dos ocasiones fui huésped en la casa de Lezama Lima. Su viuda, María Luisa Bautista Treviño conocía a mi familia paterna. Lo descubrimos cuando el Padre Gaztelu nos presentó. En La Habana se llamaba María Luisa Bautista, para las familias holguineras era simplemente “Cachita”. Su madre, María Treviño, fue una misionera cuáquera mexicana que llegó a Cuba con diecinueve años por el puerto de Gibara, el 14 de noviembre de 1900. Allí fundó el Colegio “Los Amigos”. Cuando en 1902 Estrada Palma arriba a la isla desde su destierro, ya investido como Presidente de la naciente República de Cuba, desembarca por la bahía de Gibara –por ese mismo lugar había salido al exilio-, y la joven maestra religiosa, junto a la población de la localidad, con su coro de niños, lo recibe. Un año después fundaría el mismo colegio en Banes, se casaría con don Elpidio Bautista y tendrían a Joaquín, Andrea y Cachita. Al cabo de los años la hija de la misionera, profesora de Literatura y amiga de Eloísa Lezama Lima, terminará casándose con Lezama (el 5 de diciembre en 1964) --a quien admira y cuya obra conoce bien-- a petición de doña Rosa Lima en su lecho de muerte. Para doña Rosa, María Luisa era como una hija y no quería que Lezama quedara desamparado. Las hijas verdaderas, Eloísa y Rosita, ya se habían marchado al exilio.




A Trocadero 162 se mudaron los Lezama Lima en 1929, cuando el escritor tenía diecinueve años. Antes habían vivido muy cerca de allí, en una inmensa casona en el Paseo del Prado No. 9, que Lezama recrea en las primeras páginas de Paradiso. Diez años antes, en 1909, había muerto el Coronel Lezama, en Fort Barranca, Pensacola, y la viuda y sus huérfanos se trasladaron con sus muebles a otra casa más modesta.En 1977 me fui de Holguín a estudiar a La Habana. Vivía en una enorme mansión en el exclusivo barrio de El Laguito, en el Country Club.
Apenas conocía a nadie en la capital salvo a un compañero de estudios y al Padre Gaztelu. Él fue quien me presentó a Cachita y como yo asistía a la misa dominical del mediodía de la parroquia del Espíritu Santo, conocí allí a sus allegados. En dos ocasiones, por falta de monaguillo, me tocó ayudarle en los oficios dedicados a Lezama cuando se cumplían aniversarios de su muerte. Fue así como de pronto formé parte del círculo íntimo de amigos del autor de Muerte de Narciso.Pero en una ocasión, habiendo regresado ya a Holguín y de visita en La Habana, el Padre Gaztelu me invitó a alojarme en su iglesia cuando el techo de la parte destinada a vivienda se derrumbó, como consecuencia de un fuerte aguacero. Fue entonces cuando pidió a María Luisa, a quien todo el mundo llamaba por su nombre, que me hospedara. Y ella accedió con gusto. Ya sabía que era nieto de su amigo de adolescencia, Aurelio Pino, juez de Holguín y Cañadón (poblado del término de Banes, en la carretera hacia la playa de Guardalavaca). La casa de Lezama permanecía como él la había vivido. En la primera ocasión me alojé allí cinco días y apenas dormí, poseído como estaba por el hechizo del lugar, consciente del privilegio que representaba para cualquier aspirante a escritor estar en el “templo de la imagen”. Todo estaba imantado por la energía de aquel alquimista de palabras que la habitara. Allí, más que imaginarlo, lo veía como si estuviera vivo, oficiando sus vigilias, fabulando, hechizado como un gurú en su cripta. Demiurgo en su pequeño cuarto, al que llamaban sus familiares la “Gruta de Delfos”. Siempre escribiendo a mano con una caligrafía muy peculiar Yo no había cumplido veinte años y ya me fascinaba su mundo, aunque apenas lo entendiera. Sin embargo, leía embrujado por la música de sus palabras y me dejaba llevar por lo que Gaztelu había definido como “una rauda cetrería de metáforas”.Pintada la fachada con un gris ensombrecido por el hollín, cubierta de polvo, se accede a la casa por una entrada custodiada por dos columnas semisalomónicas. Los enormes muebles apenas dejaban espacio en una sala que reducían aún más, presidida por el enorme retrato del Coronel Lezama en traje de gala y empuñando un sable. Además, enmarcados se veían los retratos de Góngora, Mallarmé y Martí. Las paredes despintadas estaban cubiertas de cuadros, algunos adquiridos por Lezama y otros rescatados de la colección de su hermana Eloísa y su cuñado Orlando. Entre los lienzos, recuerdo a Los novios de Arístides Fernández; Retrato de Eloísa, pintado por Mario Carreño, otro de Lezama realizado por Arche; unos gallos de Mariano; un dibujo de Lozano representando a un hombre desnudo y algunas esculturas suyas de pequeño formato como un pez y un San Francisco; El Coche Musical, de Cleva Solís; un óleo inconcluso de una mujer vestida de rojo, de Víctor Manuel; un galleguito que había cortejado a una pariente de Lezama, pintado por Cundo Bermúdez y, entre los más jóvenes, sin espacio donde colgarlos, varios grabados de Antonio Saura, Umberto Peña y unas piezas de Martínez Pedro, Clara Morera y Sandú Darié. Todas las habitaciones estaban llenas de estanterías con filas dobles de libros, algunos muy valiosos, como el firmado por Martí. Otros exhibían la firma de autores contemporáneos: Octavio Paz, Wallace Stevens, Vargas Llosa, Juan Goytisolo... En total más de diez mil volúmenes y casi ninguno de obras teatrales.Había mesas repletas de pirámides de papeles en donde se mezclaban cajas que contenían tabacos, llaves, lápices, plumas, aerosoles contra el asma, botones, abridores de cartas, estilográficas, bolígrafos con la tinta seca, carreteles de hilos, agujas, tarjetas de visitas y cientos de cartas sin clasificar, escritas por Juan Ramón Jiménez, María Zambrano, Adolfo Salazar, Julián Orbón, Cernuda, Zenobia Camprubí, Carlos Fuentes, Vicente Aleixandre, Octavio Paz, Valente, Cortázar, y muchos autores cubanos. Por supuesto, también de los poetas de Orígenes, Loló de la Torriente, Eugenio Florit, Lydia Cabrera y una lista interminable. Los resquicios que quedaban libres lo ocupaban estatuillas, ceniceros, pequeñas tallas, miniaturas, piezas en jade de Buda y de Lao Tsé, un dragón de marfil tallado que tenía un bola en la boca y era como un sonajero, piezas de decoración, chinas, indias, tibetanas, caracoles, monedas... Todo ello, en un abigarramiento al que se sumaba la humedad de las paredes y un olor a gas de la calle que hacía la atmósfera irrespirable. Me preguntaba cómo había podido Lezama vivir allí tantos años con su obesidad, el asma, la disnea y la depresión en la que se sumió desde la separación de sus hermanas y, luego, el juicio contra Heberto Padilla.







Lezama escribía en una pequeña habitación que daba a un cuartito de desahogo. Contigua quedaba la cocina donde atesoraba cientos de cuadernos de recetas, muchas apuntadas a manos, aunque no supiera ni hacerse un café. En el pequeño cuarto del final, con su cama de adolescente, era donde yo dormía. En éste y en la habitación principal había unos mastodónticos armarios repletos de ropa del escritor y la de doña Rosa. Cuando la casa fue definitivamente intervenida por el Estado no se sabe a dónde todo esto fue a parar. No tenían televisión. Sólo una vieja radio por donde escuchaban a veces música clásica en CMBF y emisoras internacionales, entre ellas Radio Nacional de España, Radio Francia Internacional y muy bajo, para que los vecinos - que de día les hacían la vida imposible con ruidos y la basura que arrojaban al patio central- no los oyeran, La Voz de los Estados Unidos de América y su programa “Cita con Cuba”. A Cachita le pedí que me dejara ayudarle a organizar un poco durante los días que me iba a quedar allí. Y accedió. Lo primero que hice fue, en el primer patio interior, donde no había ni una sola planta, montar numerosas tendederas con cordeles y colgar de ellos, como si fuera ropa lavada, los cuadernos manuscritos de Paradiso, totalmente humedecidos y algunos enmohecidos. Ella ni siquiera se imaginaba en el estado en que estaban. El primer capítulo lo mecanografió Antonia Soler, los otros Cachita y la vecina de enfrente, la simpática Emilia. De noche, me ponía a revisar, a hurgar, a leer. No dormía. Salvo “secar” la novela, casi nada se podía hacer. Cuando el padre Gaztelu vino a recogerme para ir a tomar el té con las hermanas de la pintora Amelia Peláez y le respondí que prefería quedarme haciendo lo que había comenzado, le oí decir algo que repetía hasta el cansancio: “En este país tenemos que ser émulos de Job”.En otro de mis viajes a La Habana, Cachita me regaló el primer libro de ensayos de Lezama, Analectas del reloj, dedicado de su puño y letra por el autor a su madre. Me lo ofreció con la foto del día en que se casó, en que aparecen Cintio Vitier y Fina y Bella García Marrúz, Eliseo Diego, Octavio Smith que fue el notario de la boda, los esposos Fernández de Castro, Alejo Carpentier y su esposa Lilia Esteban, Agustín Pí y las hermanas Peláez, entre otros. También me regaló unas plumas, un cenicero que es un cisne con un baño de plata, varios abrecartas y algunas corbatas de Lezama que quedaban, pues casi todas se las había regalado a Umberto Peña, que las utilizó en sus Trapices. Me dio también una foto de Lezama en todo ese ambiente, reinando como un monarca en un océano de papeles, realizada por Chinolope. Cosas que aún conservo. Cuando le conté a Cintio y a Fina lo generosa que era conmigo Cachita, se quedaron demudados. Ellos querían tener un recuerdo de Lezama. Fue entonces que les regalé el marcador que usó mientras estuvo en el hospital y leía El arpa y la sombra, de Alejo Carpentier, y un libro de poemas de Cristina Peri Rossi que le envió Julio Cortázar. Yo me negaba a aceptar aquellos objetos pero Cachita me obligaba diciéndome que ella estaba enferma del corazón, que moriría en cualquier momento y que no estaba segura de que alguien quisiera conservarlos luego. No los considero como en propiedad sino como un simple depositarioA Cachita le ayudó en la clasificación del legado, otro joven que admiraba a Lezama: Roberto Pérez León. El empeño quedó a medias porque Roberto apenas tenía tiempo libre debido a sus estudios y poco después, ella falleció, no sin antes haberle prometido el entonces Ministro de Cultura, Armando Hart, que conservaría tal cual la vivienda, y hacer una Casa-Museo.

La casa estuvo cerrada durante años, hasta que después de litigios, gestiones desagradables e incomprensibles, la llave le fue entregada, con el aval de los Vitier, a Emilio de Armas quien junto a su esposa de entonces, Lourdes Marrero, se mudaron allí con la tarea de hacer un inventario exhaustivo y habitarla. Como yo había sido padrino de la boda de ambos y conocía perfectamente el lugar, vine con ellos a pasar unas semanas y por puro azar, me vi durmiendo de nuevo, en la cama del Lezama adolescente. Lourdes hizo su tarea en folios con el membrete del Museo de la Ciudad, que yo archivé cuando organicé los fondos documentales del Archivo de la Oficina del Historiador de la Ciudad, sumada a una lista completa de objetos, libros y cuadros que encontró. Ya para esa fecha faltaban muchas piezas y libros.Con nuestros poemas, una noche Emilio y yo le hicimos un homenaje a Lezama, delante de la mascarilla de su rostro y sus manos que fueron pintados con un barniz verdoso muy desagradable, pues parecía putrefacto. Al principio me daba pavor pasar de madrugada y a oscuras, cerca de ella. Después la compasión me hizo vencer el miedo. Olía mucho a incienso de rosas –Cachita era cuáquera, rosacruz, ocultista y bautista, leía lo mismo La Biblia que a Madame Blavatski o Krhisnamurti-, que encendimos junto a unos cirios. Cuando Lourdes limpió la casa tuvo que echar montones de basura y, hasta en las gavetas de los muebles de la sala, encontraba objetos inútiles mezclados con cenizas de tabaco. A finales de 1970, Lezama se había prácticamente encerrado en la casa. Allí se protegía del acoso de las autoridades y de quienes le enviaban anónimos y le llamaban por teléfono a altas horas de la noche para amenazarlo, insultarlo y darle noticias de falsas muertes de personas queridas.

Incluso de día tenía que tener las luces encendidas porque en su casa nunca daba el sol: en diciembre era una nevera y en agosto un infierno. No tenía ventiladores. Poco a poco, el suelo de la sala se hundía y el del baño, también. De día, los gritos de los vecinos eran insoportables y de noche, los pleitos impedían dormir.

Durante la limpieza de Lourdes recuerdo que rompí unas planillas de la Embajada de los Estados Unidos a medio llenar. Aunque Lezama no se fue de Cuba, creo que en sus horas de desolación estuvo tentado a hacerlo. Emilio y yo destruimos el pasaporte. Antes de irme de Cuba, con la aprobación de Nélida, la criada que sustituyó a Balduvina y que heredó la propiedad de la parcela en el Cementerio de Colón, reparé y pinté --con unos albañiles amigos a quienes pagué en dólares, que estaban prohibidos en esa fecha-- el panteón de la familia Lezama Lima: estaba rajado y el agua de la lluvia se le colaba dentro.

Ahora recuerdo cuando Cachita me decía que si quería que la policía se enterara de algo, bastaba con llamarla y decírselo por teléfono. Una vez hicimos la prueba. Ella me llamaría a Holguín y me diría que haría una reunión muy importante donde habría extranjeros, a la que yo no debía asistir. Tenía que contestarle que le traería carne de res de contrabando, y le debía precisar el día y la hora en que llegaría a su casa. Pusimos el plan en marcha y al doblar por Prado para coger Trocadero, dos policías se bajaron de un coche-patrulla, me detuvieron y registraron todo lo que llevaba. Buscaban la prueba del delito. Lo que encontraron fue una caja llena de guanábanas y anones de los árboles del patio de mi abuela. Cuando se lo conté, Cachita con una infinita tristeza en sus ojos desgastados, me dijo: “Te lo advertí. ¿Tenía razón o no?”.









Publicado en: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=673&Itemid=80

24 oct 2008

"Gallo", la revista literaria de Lorca, vuelve a publicarse 80 años después


Granada, 24 oct (EFE).- La revista literaria "Gallo", impulsada por Federico García Lorca, vuelve a ver la luz gracias a una edición facsímil promovida por el Patronato de la Alhambra y el Generalife y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales con motivo del 80 aniversario de su aparición.


Se han reproducido los dos únicos números publicados en 1928, así como el suplemento humorístico "Pavo", a partir de los ejemplares que se conservan en la biblioteca de Luis Cernuda, ha informado hoy el Patronato.


La revista debió su nombre al gallo armado con escudo y espada nazaríes utilizado como logotipo en el periódico "El defensor de Granada", revisado por Salvador Dalí y caligrafiado por Lorca.


Pese a su efímera vida, la publicación aglutinó las líneas argumentales más interesantes de la literatura y de las artes plásticas del momento, que coinciden en reivindicar un Arte Nuevo para su tiempo, lo que convirtió a sus dos números en expresión de la controvertida vanguardia española.


La edición del facsímil coincide con la exhibición en Madrid de la exposición "Gallo. Interior de una revista. 1928", que ha sido visitada en el Palacio de Carlos V de la Alhambra por más de 90.000 personas.


La exposición, que permanecerá en la Residencia de Estudiantes hasta el 30 de noviembre, recorre la historia y la gestación de la revista a través de más de 170 piezas originales como cartas, manuscritos, fotografías y documentación diversa procedente de diferentes colecciones públicas y privadas.


Junto a esta documentación se exponen obras de Salvador Dalí, Pablo Picasso, Manuel Ángeles Ortiz, Ismael de la Serna y Joaquín Peinado, entre otros artistas que participaron en la revista.



Para Todorov "ser civilizado es reconocer la humanidad de los otros"



Oviedo, 24 oct (EFE).- El filósofo francés de origen búlgaro Tzvetan Todorov ha advertido hoy de que ser civilizado no significa haber cursado estudios superiores o haber leído muchos libros, sino "ser capaz de reconocer plenamente la humanidad de los otros, aunque tengan rostros y hábitos distintos".

"Por cómo percibimos y acogemos a los otros, a los diferentes, se puede medir nuestro grado de barbarie o de civilización", ha indicado en su discurso durante la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, celebrada en el Teatro Campoamor de Oviedo, en la que ha recibido el galardón de Ciencias Sociales.


El director de la Escuela de Altos Estudios Sociales en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de París ha destacado que antes de la época contemporánea, el mundo jamás había sido escenario de una circulación tan intensa de los pueblos que lo habitan, ni de tantos encuentros entre ciudadanos de países diferentes.


Ha precisado que las razones de estos movimientos de pueblos e individuos son múltiples, como la actual rapidez y facilidad de los viajes, que invita a los habitantes de los países ricos a practicar un turismo de masas o la globalización de la economía, que, ha dicho, obliga a las elites a estar presentes en todos los rincones del planeta y a los obreros a desplazarse allá donde haya trabajo.


También ha recordado que la población de los países pobres intenta por todos los medios acceder a lo que considera el paraíso de los países industrializados, en busca de unas condiciones de vida dignas, mientras otros huyen de la violencia que asuela sus países: guerras, dictaduras, persecuciones o actos terroristas.


"A todas esas razones que motivan los desplazamientos de las poblaciones se han sumado, desde hace algunos años, los efectos del calentamiento climático, de las sequías y de los ciclones que este conlleva", ha subrayado Todorov.


El filósofo francés ha recordado en su intervención que, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, por cada centímetro de elevación del nivel de los océanos, habrá un millón de desplazados en el mundo.


"El siglo XXI se presenta como aquel en el que numerosos hombres y mujeres deberán abandonar su país de origen y adoptar, provisional o permanentemente, el estatus de extranjero", ha indicado.


En este contexto, ha declarado que los habitantes de un país siempre tratarán a sus compatriotas con más atención y amor que a los desconocidos recién llegados, y ha advertido de que estos últimos no dejan de ser hombres y mujeres como los demás.


"Les alientan las mismas ambiciones y padecen las mismas carencias; sólo que, en mayor medida que los primeros, son presa del desamparo y nos lanzan llamadas de auxilio", ha afirmado el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2008.


Todorov ha avisado: "Cada uno de nosotros es un extranjero en potencia" al considerar que "los bárbaros son los que piensan que los otros, porque no se parecen a ellos, pertenecen a una humanidad inferior y merecen ser tratados con desprecio o condescendencia".


Por último, ha proclamado que las personalidades e instituciones que hoy han recibido los ocho Premios Premio Príncipe de Asturias "tienen la responsabilidad de dar un paso hacia un poco más de civilización".


Publicado en: http://es.noticias.yahoo.com/9/20081024/ten-para-todorov-ser-civilizado-es-recon-bbad18b.html

21 oct 2008

Ferial Estatal del Libro en Morelia


Secretaría de Cultura
Comunicado de prensa



Morelia, Mich., 20 de octubre de 2008. Con el fin de apoyar, promover y divulgar el fomento al libro y a la lectura, el gobierno del Estado a través de las secretarías de Cultura y Educación, en conjunto con la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, ha organizado la Feria Estatal del Libro y la Lectura, que se llevará a efecto del 11 al 16 de noviembre en la Casa de la Cultura de Morelia.



El programa que incluye la entrega del Premio Nacional de Novela “J. Rubén Romero”, y de los premios del Sistema Estatal de Creadores en las modalidades de Cuento, Poesía y Ensayo, así como conferencias, presentaciones de libros, mesas redondas y talleres de fomento a la lectura.En conferencia de prensa, Aída Sagrero y Jaime Hernández Díaz, titulares de las secretarias de Educación y Cultura respectivamente, recalcaron que éste será el primer esfuerzo articulado por parte de ambas instancias en la búsqueda de propiciar un espacio en el que tanto niños, jóvenes, padres de familia, maestros, profesionistas y población en general, tengan un mayor contacto con los libros, dado que éstos son los instrumentos privilegiados para la difusión de la cultura.



En este sentido, Jaime Hernández Díaz manifestó que los convenios firmados entre las dos secretarías son sólidos, de manera que se traducirán en acciones concretas. Agregó que con estas actividades se trata de disminuir el rezago en materia educativa, así como el déficit existente a nivel estatal en materia de lectura.



Consciente de los alcances que esta actividad pretende cubrir, los cuales se centran en el fortalecimiento del hábito de la lectura, y la dotación de libros en bibliotecas públicas de la entidad, Hernández Díaz aclaró que de ninguna manera se tiene la idea de planificar una feria como la Internacional del Libro de Minería, en el Distrito Federal, o la de Guadalajara, en las que se cuenta con una gran inversión económica al tener como objetivo la promoción y venta de ejemplares.



En este tenor, indicó que se buscará promover la asistencia de los niños de diferentes regiones de Michoacán a esta feria.



Finalmente, y tras destacar que ya se trabaja en la construcción de indicadores que permitan saber el papel que las actividades culturales juegan como factores de desarrollo social, el Secretario de Cultura manifestó que la comisión encargada de organizar la Feria Estatal del Libro y la Lectura evaluará el impacto que esta actividad tenga entre la población.



Por lo que se refiere al programa, se tiene planeado 6 conferencias nacionales, 11 presentaciones de libros estatales y 7 nacionales, 8 mesas redondas con 29 participantes estatales y 6 nacionales, así como 18 talleres de fomento a la lectura.



Entre los autores nacionales que han sido invitados a participar en esta Feria se encuentran Francisco Martín Moreno, Humberto Musachio, Yolanda Ramírez Michel, Eraclio Zepeda, Alejandro Toledo, Juan Domingo Argüelles, María Baranda, Ana Clavel, Leonardo Dajandra, Agar García y Felipe Garrido.



Por lo que toca a los escritores y creadores estatales se contará con la presencia de Carlos Juárez Nieto, Isabel Marín, Manuel Reyes Ramos, Patricia Ávila García, Ernesto Hernández Doblas, Sergio Monreal Salvador Jara Guerrero, Juan Bolaños y el grupo Cero al Poniente. También se contará con la antología de Ramón Martínez Ocaranza y la semblanza literaria y musical de Próspero Román.



Las mesas redondas tocarán diversos temas de actualidad a nivel cultural y social entre los que sobresalen el futuro del periodismo cultural, el quehacer inmediato para fortalecer la ley del Libro y Fomento a la Lectura en Michoacán, la divulgación científica y el espacio textual, y la literatura y la vida cotidiana, en las que reconocidos especialistas, investigadores, escritores y formadores de opinión darán su punto de vista.




En cuanto a la presentación de libros se tiene programados “El gran niño” de Yolanda Ramírez Michel. “El proceso político de la independencia de Valladolid en Michoacán 1808-1821” de Carlos Juárez Nieto, “Delitos, pecados y castigos”, de Isabel Marín y “Seguridad pública y derechos humanos” de Jean Cadet, entre otros.



Aunado a lo anterior se llevarán a cabo lecturas en voz alta con temáticas para todas las edades, tales como “Lectura para jóvenes, “El sentido del poema”, “Anima-lees”, “Historias de amor”, “Entre tú y ella”, Mi día de suerte, y “Cabalgando con el Quijote”.



Si bien este éste será un evento dedicado a la difusión del hábito de la lectura, también se ha reservado un tiempo para otras manifestaciones artísticas, como la intervención de la banda de rock para niños “Patita de perro”, un recital de poesía a cargo de Jorge Ruiz Soto, la inauguración de la exposición colectiva “Los rostros de los libros” con obras de talleristas plásticos de la Casa de la Cultura de Morelia y las presentaciones del Grupo Juglar San Pedro, el Ensamble Lírico Enrico Caruso, el Dueto Zacán, la Compañía de Teatro “Trotamundos” y el Grupo “Purembe”.

18 oct 2008

Más de 60 escritores de 21 países, reunidos en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino 2008

Comunicado de Prensa
Instituciones como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, El Gobierno del Estado de Michoacán a través de la Secretaría de Cultura de Michoacán unieron esfuerzos para que, del 21 al 26 de octubre los versos, la rima, la prosa y la inspiración lleguen a Morelia y a Pátzcuaro, a través del Encuentro de Poetas del Mundo Latino.

A esta labor también se unan las universidades Nacional Autónoma de México, Intercontinental, y Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, así como la Secretaría de Relaciones Exteriores para que en ésta su décima edición se reúna a 67 poetas de 21 países y estará dedicado al escritor brasileño Ledo Ivô quien es la figura más representativa de la llamada Generación del 45 y para quien el lenguaje no pertenece a la realidad.

La inauguración del evento tendrá lugar el 22 de octubre a las 19:00 horas en el Teatro Ocampo, en donde se contará con la presencia del gobernador Leonel Godoy.

En conferencia de prensa, Silvia Zavala y Juan García, directora de Promoción y Fomento Cultural y el responsable del Departamento de Literatura y Fomento a la Lectura de la Secretaría de Cultura respectivamente, resaltaron la importancia de este encuentro que abarcará las ciudades de Morelia, México, Aguascalientes y San Luís Potosí, mismo que, por la calidad y cantidad de sus participantes, ha alcanzado renombre internacional.

Al hablar del programa los funcionarios estatales, quienes estuvieron acompañados de Enrique Soto, director de Cultura del ayuntamiento de Pátzcuaro, expresaron que se desarrollarán 6 mesas de lectura en recintos como el Teatro Ocampo, el Conservatorio de las Rosas y el Jardín de las Rosas.

También se ha programado un maratón poético en el Antiguo Colegio Jesuita, de Pátzcuaro el día 24 de octubre a partir de las 11:00 horas, de esta manera los poetas, 29 de ellos extranjeros, 31 mexicanos y de ellos 6 de Michoacán, podrán estar presentes a lo largo de las diferentes mesas.

Entre los invitados internacionales se encuentran Antonio Cisneros de Perú, Jotamario Arbeláez y Lucía Estrada de Colombia; Roland Jooris y Stefaan van den Bremt, de Bélgica; Emilio Coco de Italia; Jean Portante de Luxemburgo; Norberto Salinas de Costas Rica, y Valeriu Stancu y Adi Cristi de Rumania.

También asistirán Fernando Balseca de Ecuador, Eduardo Llanos Melusa de Chile; la escritora venezolana Adhely Rivero y Amalia Bautista de España.

A este grupo de poetas se unirán Emile Martel de Québec, Miguel Anxo Fernán Vello de, Galicia; Pedro Xavier Solís, de Nicaragua, Juan Carlos Abril, de España, Marc André Brouillete de Québec, Plinio Chahín de República Dominicana, y Alex Fleites de Cuba.

Por parte de los poetas mexicanos se contará con la presencia de Efraín Bartolomé, Silvia Tomasa Rivera, Javier Sicilia, Enzia Verduchi, Luis Felipe Fabre, Álvaro Solís, Eduardo López y Arturo Chávez Carmona.
En otra de las mesas intervendrán Jorge Váldez Díaz-Vélez, Héctor Carreto, Jorge Humberto Chávez, María Rivera, Silvia Mercedes Hernández Tort.

Ramón Méndez, Diego José, Mario Bojórquez, José Ángel Leyva, Sandro Cohen, y Raúl Renán también fueron invitados como poetas invitados en este encuentro, lo mismo que Jorge Souza,Marianne Toussaint, Iván Trejo, Jéssica Díaz, Norberto de la Torre y Edgar Tonatiuh Herrera.Por lo que respecta a Ledo Ivô, poeta nacido en 1924 en Maceió, Brasil quien será objeto de un reconocido homenaje, se destacó su trayectoria en el mundo de las letras como poeta, narrador, cronista y ensayista.

Considerado una de las figuras más destacadas de la literatura moderna brasileña, especialmente en el ámbito poético, Ledo Ivo es integrante de la Generación del 45, movimiento de reacción estética contra el clima demoledor y anarquista de la primera fase del modernismo, que pregonaba un regreso a la disciplina y al orden.
Como otros poetas de esta generación, volvió a algunas formas poéticas fijas, tales como el soneto, pero conservando un estilo libre y marcadamente personal al forjar una fisonomía fuerte y propia, con pleno dominio de la técnica del lenguaje.

Para él, la poesía es una invención de la palabra, una operación verbal destinada a ocultar su vida personal, generando una mitología particular que sustituye la verdad trivial de la existencia.

De su obra, que abarca una cincuentena de títulos, sobresalen “Las Alianzas”, “Nido de cobras”, “La ciudad y los días”, el poemario “Finisterra” y sus memorias “Confesiones de un poeta”.



Morelia, Mich., 16 de octubre de 2008.