12 may 2007

Entrevista al profesor de Producción Periodística.

De frente a no más de veinte alumnos, un profesor se dispone a ser incómodamente entrevistado a petición expresa de él mismo; tal parece que esa disposición representa un autosacrificio con la más pura intención de valerse él mismo de una imagen sustentable de los alumnos que ya lo observan y se disponen a fatigarlo, y si es posible interpretar todas sus palabras.

El es Antonio de Móntez Rodríguez, cansado, con los años y la experiencia de un hombre de más de 50 años que lleva en los hombros, su edad desde luego no es esa, sin embargo los ostenta fatigado, casi como deseoso de padecer un interrogatorio, que como sucedió poco después, se le figuraba en su expresión corporal el arrepentimiento total de esa empresa. “Quería ser futbolista”, dice, de pie, recargado en la pared y con los brazos detrás, respira y comienza a hablar rápidamente casi sin pausas, responde a ello y mucho más, cae en el error de revelar respuestas de preguntas inexistentes, la pregunta enunciaba el por qué había optado por la profesión periodística, no obstante invitó al bombardeo despiadado de uno que otro “entrevistador”.

No fue futbolista debido a su pie plano, gustaba del fútbol y poco después su amor a la literatura se combinaron creando en él la inquietud por la actividad periodística en el ámbito de la crónica deportiva; poco después incursionó abiertamente en el periodismo, concretamente en el periodismo cultural.

Ello era una “entrevista” sumamente desconcertante, el objetivo era aparentemente obtener el mayor número de información de la víctima postrada al frente de sus captores, una pregunta por allá y otra por acá, no había una coherencia sana que permitiera la ilación fortalecedora de una ruta por la que la entrevista circulara. ¿Por qué se divorció? ¿Quién tiene la custodia de sus hijos? Esas y otras preguntas contrastaban con: ¿Cuál fue el tema de sus tesis? ¿Qué opina del periodismo cultural en Morelia? o ¿Cuál fue su mayor satisfacción?

Poco a poco, y después rápidamente, pasaron 30 minutos en los que la víctima no mostró ya señas de incomodidad, al contrario, Antonio se desenvolvió gratamente frente a su audiencia atenta. “Dije adiós a mamá para irme a trabajar a Morelia”, y “mi mayor satisfacción son el haber publicado dos cuentos, me entregaron varios reconocimientos, y próximamente en este año espero la publicación de una recopilación de textos a petición de una editorial”.

“Lamentablemente falta calidad en el periodismo cultural de Morelia”, fue su respuesta sin titubear, manifestando que su experiencia en ello lo respaldaba, “pero eso sucede porque no hay apoyo en los medios”, “por ejemplo, Provincia mezcló su sección cultural con social”, y es cierto, los reportajes, columnas, artículos y notas periodísticas con tema cultural, tenían que ser emparejados con los felices cumpleaños, las bodas de oro y los bautizos.

“Hace casi... la semana pasada, tuve que matarla, la terminé, me despedí hace una semana”, su columna en el Cambio de Michoacán, su espacio en el que manifestaba historias personales, así como historias ajenas que “escuchaba, las robaba y las escribía como mías”. ¿Por qué? “porque ya no tenía ideas, escribía lo mismo, tenía que tomar un descansó, oxigenarme”.

¿Ha tenido algún problema existencial?, preguntaba una joven, sin esperar talvez que Antonio reaccionara como lo hizo; de estar recargado en la pared se reincorporó y recuperó la energía del comienzo de la entrevista; “Claro, muchos...”, respondió, hizo una pausa y comenzó: “Me divorcie; me quedé sin trabajo; mi mejor amigo, casi mi hermano, se adelantó casi 30 años; y tomé antidepresivos mucho tiempo”, fue su respuesta a la que dedicó más de quince minutos en conversar a su audiencia.

“Cásense con su profesión, no con el medio”, recomendaba con sinceridad; “los medios en cualquier momento te dan una patada en el trasero”, manifestaba a su auditorio inexperto en el ambiente periodístico.



Por: Aarón Romero González

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