12 jun 2007

El Apando de Revueltas, radiografía exacta de la crueldad del Estado


EN LECUMBERRI, JOSÉ ESCRIBIO SU NOVELA PENSANDO EN EL BOLERO DE RAVEL

Su compañero de celda, Martín Dozal, recuerda con La Jornada aquellos aciagos días en el Palacio Negro

"Cuando la editorial Era publicó El Apando, los escritores de la época constataron el nacimiento de una obra cumbre genial, escrita de un solo aliento, sin ninguna coma y ningún punto, José Revueltas me platicó que cuando escribió esta novela estaba pensando en El Bolero de Ravel, expresó en entrevista con La Jornada Michoacán, Martín Dozal, quién fuera compañero de celda del novelista en el Palacio Negro de Lecumberri, después del movimiento estudiantil del 68, en calidad de preso político, el autor de Los Días Terrenales escribió su novela más reconocida, El Apando, una radiografía de la prisión entendida como una analogía de la crueldad del Estado contra los seres más inermes y solitarios.

"José Revueltas escribió El Apando en el periodo comprendido entre febrero y marzo de 1969, inspirado en acontecimientos reales, sobre todo a dos presos de la crujía I que fueron apandados y uno de ellos sacaba la cabeza en busca de ayuda y el otro pidiendo cigarrillos. También partió de su encuentro con hombres como "el loco" Aviña, a quién conoció en sus visitas a la enfermería y que en la novela es el personaje de El Carajo, un tipo mutilado, con un ojo tuerto y una flor en la chamarra carcelaria, era un preso alcohólico que se dejaba apandar para inmediatamente cortarse las venas pegadito al filo de la puerta, con la intención de que lo llevaran a la enfermería para ingeniárselas y sorber los algodones con alcohol hasta quedar nuevamente ebrio; él es uno de los monstruos de Revueltas que realmente existió, acostumbraba recitar la Biblia y a pesar de ser tullido, bailaba.

También existieron las putas de los apandados Albino y Apolonio, la Meche y la Chata, respectivamente, quienes convencieron a la mamá de el Carajo para que introdujera droga en la vagina y que fuera delatada por su propio hijo como una forma de liberación", compartió Martín Dozal.

Agregó que la libertad es un concepto que siempre esta latente en la novela, pero que adquiere significado más allá de los muros de cualquier prisión, ya que José Revueltas concebía al Estado como un conjunto de monos y afirmaba que todos estábamos presos, todos estábamos enajenados bajo el orden de los monos, del gobierno de la sinrazón y el problema que planteaba en El Apando era encontrar las formas para desenajenar al hombre para poder llevarlo a la libertad.

"Además de plantear el problema del Estado y la enajenación, concebía la arquitectura carcelaria como parte de la enajenación humana que había convertido la geometría, uno de los grandes logros del ser humano, en un aparato represor. Hay pasajes muy violentos en la novela, pero esa era la forma en la que Revueltas expresaba su idea del odio del hombre contra el hombre, del Estado súper poderoso que es capaz de destrozarte."

­¿En ningún momento se intentó coartar la publicación de El Apando, una novela que debía incomodar mucho a las autoridades por sus agudas críticas?

­Pepe no tenía miedo y él ya sabía que era un escritor marginado, además no creo que los burócratas o generales pudieran comprender El Apando, para ellos Revueltas siempre fue el escritor sórdido, el escritor violento, el existencialista y el "filósofo de la destrucción" como decía Díaz Ordaz, no le tenían miedo porque sabían que era un escritor que estaba al margen.

"Revueltas solo temía afectar a los suyos, por eso mandó a su hija Andrea a París y su hijo Román, el violinista, se fue a Israel, no quería que sus problemas fueran los problemas de los otros y esa actitud se manifestaba desde sus primeros años, fue un niño de la calle, porque cuando se quedó huérfano de padre tuvo que salir a trabajar y valerse por sí solo, desde muy joven ya andaba en el Socorro Rojo Internacional, haciendo células dentro del ejército o dentro de las prostitutas, comprometido con los sectores que perfilaban las líneas del movimiento comunista, por eso también se mantuvo un poco distante de sus hermanas, porque no quería comprometerlas".

­¿Cuál era la relación que sostenía Revueltas con esos que tú llamas "los monstruos" y que confluyen en El Apando?

­La relación de Revueltas con los presos comunes era de fraternidad, nadie trata con más cariño a las prostitutas, los criminales, los locos y a pesar de que utiliza un lenguaje brutal y violento, se percibe en la obra de Revueltas una profunda ternura por los olvidados de la sociedad y el Estado, tenía el ojo crítico para ver la realidad que se ocultaba en los individuos, pero tampoco hacía nada porque la puta dejara de ser puta, no se metía en la vida de nadie porque sabía que cada quién tenía una historia y no era posible escapar de ese destino.

­¿Consideras que voces como la de Efraín Huerta en Los hombres del alba, Bonifaz Nuño con Fuego de pobres e incluso Juan Rulfo con sus narraciones del ámbito rural, encuentran su inspiración en la obra de José Revueltas y su capacidad para arrancar de la sombra a los personajes segregados y negados por la sociedad?

­José Revueltas con El luto humano inaugura la veta de este tipo de narraciones, Juan Rulfo y Carlos Fuentes, posteriormente reconocen la deuda que tienen con José Revueltas, quién sustentó su obra en la mirada crítica, se consideraba un crítico materialista dialéctico, era de los hombres que decían: "las cosas están bien pero pueden estar mal o a la inversa, no hay bien que por mal no venga, eres perverso pero también puedes ser un santo, eres un criminal pero también puedes ser un místico", de esta manera llegaba al fondo de los sujetos con todo el dolor que le podía producir dibujar al hombre como caricatura, como parodia, pero detrás de ese esbozo grotesco late la gran capacidad de amar de Pepe, de manifestar ese amor que le confirió a sus camaradas comunistas como Rosendo Gómez, Enrique Ramírez, José Alvarado y Ambrosio González, a pesar de que los criticara y hablara de la realidad del partido, de la realidad histórica de México, de cómo son dogmáticos, de cómo son curas, era implacable en la crítica política, pero en el tú a tú seguía siendo amigo.

"Revueltas se asumía como un místico sin dios, una persona religiosa que se vincula al mundo terrenal, decía que a toda su obra novelística le pusieran como título Los días terrenales, porque todos sus días fueron por la tierra, de la tierra, desde la tierra y para la tierra, se sentía el hijo del hombre, las relaciones con él eran casi filosóficas, poéticas y divertidas, entre más humilde era la gente, más humilde era él, se ponía al tú por tú con el otro, aunque el otro fuera una gente ignorante, sabía que el era un escritor, un simple trabajador de las palabras como el otro podía ser un carnicero, un sastre o un zapatero".

­¿Según tus apreciaciones, cuales son los aportes más significativos del Revueltas escritor y que deberían mantenerse muy presentes en el quehacer literario de las nuevas generaciones?

-Tiene 7 novelas publicadas: Los muros de agua, El luto humano, Los días terrenales, En algún valle de lágrimas, Los motivos de Caín, Los errores y El Apando; en todas ellas demuestra que era un lector de todos los grandes escritores universales, en sus novelas hay una multiplicidad de voces y de espacios, era un escritor introspectivo que trataba de penetrar al fondo del ser humano, aunque ese ser resultara un monstruo, esa verticalidad es su mayor aportación; además era un escritor muy urbano que retrató la realidad del otro México, el no oficial, en obras como Los errores, la cual gira en torno a la ciudad de México, de manera semejante al Ulises de Joyce que se desarrolla alrededor de Dublín y con esa misma intensidad nos habla de la Merced, la calle de Uruguay y todos esos lugares en los que describe minuciosamente al taxista, al periodiquero, a la prostituta, a la de la fonda, al maleante, al violador de la Candelaria, haciendo una radiografía de la ciudad y el barrio de la Merced en el que vivió y descubrió las diferencias, los contrastes, horrores y miserias de la gran urbe.

"José Revueltas entró al fondo de la conciencia, tratando de develar y desenajenar mostrándonos lo horrendo que somos todos, porque él expresaba que todos somos el minotauro, todos estamos presos, todos somos Caín, todos somos todo, él no magnifica a sus putas ni las dulcifica, las trata tal como son, con todo el amor y fraternidad que sentía por ellas, en congruencia con su propuesta de una democracia cognoscitiva, es decir, una democracia de la conciencia basada en la autogestión que no necesita de partidos ni de Estados; estaba en un plan filosófico supremo pero ignorado por un país en el que percibía un retraso ideológico, tanto dentro de las organizaciones de izquierda, como en la sociedad en general, fue ignorado porque los grandes como Agustín Yáñez, Martín Luis Guzmán y José Rubén Romero, eran la elite del gobierno, sin embargo, incluso estos pensadores oficiales reconocían el valor de la obra de Revueltas".

­¿José Revueltas procuraba coexistir en el México de la noche y los bajos fondos o era parte de su historia personal, de ese destino que concebía como inevitable?

­Revueltas no buscaba los bajos fondos, ni los arrabales, simplemente ahí le tocó vivir porque era pobre, no tenía para vivir en la Roma o en la Condesa, vivía en la Merced, en Mixcalco o en vecindades y lugares sórdidos, eso era lo que veía; pero en su acción como militante comunista también visitó comunidades campesinas donde había miseria, represión, angustia, putas y alcohólicos, era su cotidianeidad; vivió entre los pobres y les gustó vivir entre ellos, les profesó un gran respeto a los baldados, locos, tuertos, cíclopes y bestias; animalizó al ser humano porque consideraba que al fin de cuentas somos animales, sólo basta ver al fondo de uno mismo para descubrirlo; trataba al hombre con minuciosidad y me imagino que se alarmaba de ver al ser humano tan cruel consigo mismo; coincidía con Ramón Martínez Ocaranza que se asumía como Caín y expresaba: "nada de que Caín es el otro, yo soy el asesino, yo soy el cruel, yo soy el cabrón, no el otro". Eso fue lo que descubrió Revueltas, aceptó todas sus monstruosidades y fantasías, era un escritor revolucionario, soñaba con la revolución y soñó todo el tiempo, a pesar de que pasaran muchos años y nunca llegara, no dejó morir la Utopía como muchos otros que la vendieron o la traicionaron.

­¿Te imaginas a Revueltas militando en la izquierda de nuestros días?

­¡No!, nunca pudo militar con ningún partido, aún saliendo de la cárcel lo invitaron varios grupos políticos a participar con ellos pero no aceptó; era como Sartre, que sin ser maoísta, al saber que les prohibían a los maoístas la venta de su periódico, él mismo salía a venderlo por las calles, ese era Revueltas, podía no estar de a acuerdo con una cosa, pero respetaba mucho a los radicales, los admiraba. No estaba con los cristeros, pero como era una lucha del pueblo les manifestaba su respeto, tenía una pasión por el hombre, porque tenía una pasión por si mismo, supo amar porque se amaba y se conocía y se le abrían todas las puertas de la percepción, antes que nada es un poeta y un poeta es medio brujo, medio prestidigitador, medio ilusionista, sabía ver con ojos de poeta, por eso es que son los poetas los únicos que han sabido leer su obra con intensidad, Efraín Huerta fue el primer crítico de él, después lo fueron Xavier Villaurrutia, Eduardo Lizalde, Salvador Novo y Pablo Neruda.

"Para entender a Revueltas tienes que tener algo de poeta, esa sensibilidad que te permite ver al otro como él lo hacía con esa capacidad de saber que es un monstruo o un criminal y expresar: "no puedo hablar contigo cabrón pero te respeto, ¡media vuelta!, no podemos tener un dialogo, no podemos acordar nada, pero de todos modos, si tengo que dar la vida por ti, ¡doy la vida por ti!, aunque seas un hijo de la chingada", José Revueltas siempre estaba dispuesto a dar la vida por cualquier radical.


por: CARLOS F. MARQUEZ

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